El 10 de agosto de 1218, San Pedro Nolasco, impulsado por el amor de Cristo, inspirado por la Virgen María y respondiendo a las necesidades de la Iglesia, fundó en Barcelona la «Orden de la Virgen María de la Merced de la redención de los cautivos», hoy denominada «Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced» ó, como también se la llama, «Orden de la Merced», con el propósito de visitar y redimir a los cristianos cautivos en poder del Islam. Durante casi 300 años ésa fue su única y heroica misión: obtener la libertad de los cristianos cautivos mediante el pago del rescate o, si los recursos no alcanzasen, quedando el redentor en rehenes, hasta que se reuniese la suma requerida por los captores.
Con el descubrimiento de América, la Corona española convocó a distintos Institutos religiosos, entre ellos a la Orden de la Merced, a hacerse cargo de la evangelización de sus nuevos súbditos, los naturales de los dominios americanos.
Desde 1493 existen pruebas de la presencia mercedaria en el Nuevo Continente. Los religiosos de la Merced llegaron al Río de la Plata el 2 de febrero de 1536 con la expedición de don Pedro de Mendoza, de la cual eran capellanes dos sacerdotes mercedarios: los padres Juan de Salazar y Juan de Almasia. Despoblada Buenos Aires los Mercedarios volvieron al Río de la Plata en 1602, provenientes de Santiago del Estero y de Córdoba. En la primera de esas ciudades tuvieron su primer convento en la región del Tucumán, como entonces se la denominaba, en 1557. Los recién llegados se instalaron en el solar que, un año antes, había adquirido para la Orden, y que comprendía las dos manzanas hoy enmarcadas por la Av. Leandro N. Alem y las calles Reconquista, Sarmiento y Teniente General Juan D. Perón.
Las primeras construcciones fueron seguramente, adobe y paja. Recién a principios del siglo XVIII llegaron a Buenos Aires los primeros alarifes y arquitectos. La iglesia y convento de la Merced hoy existentes, datan, pues, de ese siglo: en 1721 fue bendecida la piedra fundamental de la iglesia (que sería la tercera, desde la instalación de los mercedarios) por el obispo Pedro Fajardo. La consagración del templo tuvo lugar entre el 25 de octubre y el 1° de noviembre de 1783, por parte el obispo de Buenos Aires, Sebastián de Malvar y Pinto.
No se tienen constancias de la fecha en la que debió iniciarse la construcción del convento., pero debió ser contemporánea con la de la iglesia. Así parece indicarlo la creación, en 1722, por parte del Cabildo, de dos escuelas de enseñanza elemental, una de las cuales debía tener asiento en el Convento de la Merced, y la construcción, en 1728, de tres aulas para la enseñanza de estudios superiores (gramática, filosofía y teología) servicio educativo éste para los estudiantes de la Orden, pero abierto también a los estudiantes seglares.
En 1798 se encontraban concluidas las instalaciones para una biblioteca pública, cuya base, además de libros de propiedad del Convento, fue una importante donación de unos 400 títulos, provenientes de la biblioteca personal de don Facundo de Prieto y Pulido, escribano de la Real Audiencia de Buenos Aires.
Esta biblioteca es, sin embargo anterior a la creación de la biblioteca conventual, al servicio de religiosos y estudiantes laicos de la Casa. Hay constancias sobre la prohibición de retirar libros de la biblioteca, fuera de ésta, de 1759 y de ingreso de nuevas obras a partir de 1760. Dos años después, las obras sumaban 252 volúmenes, cifra que se vio duplicada en 1795 con el ingreso de nuevos títulos, vinculados al saber sagrado y profano.
Además, funcionó en el Convento, a partir de 1722 una de las dos escuelas de enseñanza elemental creadas por el Cabildo; entre 1798 y 1809 existen constancias de sucesivas partidas destinadas a la refección de la escuela. Ésta prosiguió funcionando después de 1810 y en 1816 tenía 105 alumnos. Entonces, era la de mayor número de alumnos de las escuelas primarias de la ciudad atendida por regulares y la sexta en el total de escuelas sostenidas por el gobierno.
El Convento fue asimismo un foco de difusión de la cultura: aún a los mismos criados, guaraníes, mulatos y negros se les enseñaban las artes de la música, la composición, y las artes plásticas, para el servicio de la Comunidad religiosa y solemnidad del culto. Además, se representaban obras de teatro y se realizaban fiestas literarias, con la participación del vecindario.
Entre tanto, los muchos de los religiosos adscriptos al Convento se encontraban sirviendo de capellanes en los fortines y los asentamientos poblacionales de la frontera con el desierto, desde el Paraná hasta el Océano Atlántico, en la Patagonia. Además, varios ejercieron su ministerio pastoral en Malvinas, durante el periodo hispánico.
Durante los más de dos siglos del periodo hispánico y hasta 1823, los mercedarios atendían, además, las necesidades espirituales de la población de la zona, con su templo abierto al culto público.
En 1810, los conventuales de San Ramón Nonato tuvieron una destacada actuación en los acontecimientos que precedieron a la constitución del Primer Gobierno Patrio, apoyando la posición de los criollos liderados por Cornelio Saavedra, para deponer al Virrey. Posteriormente, se desempeñaron como capellanes de las expediciones militares que la Junta surgida de los sucesos de mayo, envió al interior.
Sin embargo, la sanción de la Ley de Reforma del Clero en 1822 por parte de la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, los obligó a exclaustrarse o a emigrar. El Cabildo eclesiástico tomó a su cargo la iglesia, a la que estableció como Viceparroquia, y el Gobierno Provincial se apropió del Convento, al que, sucesivamente, dio distintos usos, hasta que en 1830 instaló en él el asilo de huérfanas de la Sociedad de Beneficencia de la Capital.
Hasta 1947 el edificio fue sede de dicha Asociación. En ese año, el Gobierno de la Nación se hizo cargo de la función que la misma cumplía y, durante algún tiempo, instaló en el convento las oficinas de la Dirección de Asistencia Social. Por entonces, declaró al edificio Monumento Histórico Nacional, por decreto número 9.532/57.
Finalmente, el edificio fue devuelto por el Estado Nacional en 1965, el 31 de agosto, día de la fiesta de San Ramón Nonato.
Desde entonces funcionó en él, por espacio de 30 años, la Universidad Católica Argentina «Santa María de los Buenos Aires» en la actualidad el edificio es asiento de diversas obras espirituales (oratorio, sede de retiros y de grupos de reflexión), culturales (biblioteca gratuita, abierta al público, teatro, cursos, etc.) y «Acción Mercedaria», organismo coordinador de los servicios asistenciales de la Orden, prestados en distintos puntos del país.
La Orden de la Merced afronta los gastos de sostenimiento de dichas obras y de mantenimiento del edificio. Para solventar parte de los mismos, alquila diversos espacios de la planta baja y primer piso, lo que ha dado lugar a la instalación de anticuarios, artesanos y otras actividades vinculadas al quehacer cultural y de servicios a la comunidad porteña. Además, funciona en él, desde 1965, la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, entidad que agrupa a investigadores de la materia de todo el país |